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Por Roy Rodríguez, Patricia Caraballo

Cuántas veces se ha escuchado la frase: “el ser humano es un ser sociable” y como seres sociables gran parte de sus energías están enfocadas en conectar con el entorno que le rodea buscando con ello encontrar su sitio dentro de la comunidad. Desde que se nace se inicia un proceso de interacción con otro ser humano, alguien le cuida, le alimenta y le provee los cuidados básicos que requiere para desarrollarse.

En la actualidad, grandes organizaciones proclaman dentro de sus valores corporativos el “Trabajo en Equipo”, incluso se evidencia como un requisito en varias de las propuestas de trabajo actuales, sobretodo en posiciones de liderazgo. ¿Será éste un valor que puede ser desarrollado desde la niñez o se requiere de cierta madurez para poseerlo?

Desde que los niños comienzan a jugar, ya se encuentran desarrollando su poder de socializar, pero como todo aprendizaje siempre debe ser encaminado por un adulto, que pueda guiar esta dinámica de diversión hacia el fin deseado, ya que no todos los juegos promueven el trabajo en equipo y aquellos que lo hacen, el niño debe aprender a distinguir el trabajar en equipo para superar desafíos por el bien común del grupo o competir por ser el mejor del grupo.

Para poder promover el trabajo en equipo dentro de una dinámica de juego, es fundamental establecer normas, de esta forma se evitan peleas y que alguno de los miembros del equipo se sienta atacado o desanimado, ya que a los niños les cuesta en ocasiones entender que se debe dejar a un lado el “yo” por el “todos”. Siendo así, se deben asignar roles específicos, de esta forma cada miembro sabe qué debe hacer y cómo ello contribuye al bien común del equipo, asimismo, la buena comunicación es fundamental para la resolución de conflictos de una forma efectiva.

Otra forma de fomentar el trabajo en equipo desde temprana edad, es la práctica de deportes o actividades culturales, en este punto es importante que el niño tenga un abanico de opciones y que él tenga la iniciativa de escoger lo que más se adapte a sus habilidades, de esta manera no será una imposición, sino que será una actividad que lo haga sentir a gusto y así se podrá alcanzar con mayor facilidad el objetivo en común, desarrollar sus habilidades blandas y socializar con otros niños.

En este tipo de actividades el niño desarrolla confianza tanto en sí mismo como en sus compañeros; se establecen metas comunes, ya sea cantar un “GOL” o lograr presentar esa Obra de Teatro tan anhelada, lo que trae consigo la creación de un sentido de pertenencia, al conocer el impacto que su rol tiene dentro del grupo.

Siendo así, tanto los padres como representantes deben aprovechar estas opciones de actividades extracurriculares que ofrecen las instituciones educativas hoy en día, para que sus hijos además de adquirir el conocimiento curricular básico, puedan potencializar sus habilidades blandas desde temprana edad.