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Por Roy Rodríguez, Patricia Caraballo

¿Un líder nace o se hace?, las respuestas a esta interrogante son variadas, una de ellas se inclina hacia la afirmación de que todos los seres humanos nacen con las habilidades necesarias para convertirse en líderes y depende de cada persona potencializar esas habilidades desde la niñez, etapa en la que se crean las bases de la personalidad.

La familia y los centros educativos juegan un rol primordial en la detección temprana de las habilidades de liderazgo, durante la etapa de la niñez el ser humano es más moldeable siendo ésta la oportunidad ideal para comenzar a brindar las herramientas que permitan el desarrollo de las cualidades propias de un líder, como lo son la autoconfianza, el establecimiento de relaciones interpersonales, la comunicación asertiva y el trabajo en equipo.

Durante esta etapa de la vida se aprende en gran medida por imitación, por lo que es fundamental que estas cualidades se vean reflejadas tanto en los padres como centro del núcleo familiar, como en los profesores, quiénes son los encargados de brindar la educación formal, ambas figuras representan la fuente de inspiración y ejemplo de cómo deben ser los comportamientos frente a la diversidad de situaciones que se presentan en el día a día.

Ante este planteamiento hay especialistas como Jim Patterson del Washington Post, que afirma que las escuelas no están haciendo lo necesario para enseñar a los niños desde el salón de clases lecciones de liderazgo. Las competencias de liderazgo están íntimamente relacionadas con el aspecto social y emocional, ámbitos usualmente olvidados por las mallas curriculares. Siendo así, se debe fomentar la realización de actividades que promuevan una cultura escolar libre de discriminación; la comunicación asertiva iniciando con la escucha activa; el poder de negociación entre compañeros de estudios; el manejo adecuado del tiempo orientado al logro de metas escolares individuales y grupales, así como el hábito de la lectura, tanto en el aula de clases como en el hogar.

Asimismo, es fundamental que el equipo de profesores mantenga una comunicación fluida con los padres y representantes, pudiendo informar cuándo se encuentren con casos específicos de alumnos que está mostrando aptitudes de liderazgo, de tal forma que la actividad que está siendo desarrollada en el centro educativo pueda ser reforzada en el ámbito familiar, trabajando padres y profesores como un gran equipo.

Así, los centros educativos deben estar conscientes que la formación de líderes no corresponde únicamente a la esfera de la Dirección del Centro, si no que todo el equipo de profesores debe ser partícipe de este tipo de capacitación, ya que si una de las metas es la formación de líderes, los profesores deben ser un ejemplo vivo de ello.