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Por: Leonardo E. Cárdenas Barreto

Director Estratégico EDUMARKETING

En cualquier escenario de la economía nacional, una organización con más de 1.500 clientes directos y 15.000 indirectos es, sin discusión, una gran empresa. No hace falta considerar sus más de 300 empleados actuales, su mega infraestructura ni sus movimientos económicos. Sus intangibles, desbordan.

La lógica del común  haría  pensar que el caso en particular del cual se habla no es más que el de una organización que debe tener una adecuada estrategia de mercado y un líder carismático que desborde en sus relaciones públicas. Un sistema de planificación orientado firmemente hacia la competitividad y mejora del producto y unos equipos de trabajo altamente capacitados y ricos en formas. En sí, un  Marketing estratégico bien aplicado. Si no, ¿Cómo lograría tal éxito de mercado?

Ahora bien, juguemos  un poco con la realidad de esta organización. Hagamos de cuenta que goza de tal privilegio y posición en el mercado sin más ni más que por una visión artesanal, que ha crecido fruto de un mercado poco competitivo y de gran número de consumidores que sin mayores resistencias han tomado sus servicios. Y un bajo índice de competidores de valor añadido que, además,  facilitó sus procesos de expansión. ¿Qué tipo de organización sería? ¿En qué mercado estaría? ¿Cabe en la cabeza algo así?


El paradigma de las “Torres de Papel”  

  

La realidad estratégica de la presente empresa hace pensar que su riqueza no obedece más sino a un fenómeno positivo accidental de su entorno. Pero, ¿qué pasaría si las reglas del juego cambiaran? Ahora, al caso hipotético sumémosle que en el tiempo comenzara a vivir una disminución drástica de consumidores, un aumento de organizaciones competidoras, un Estado que quiere monopolizar gran parte del “negocio” y unos clientes desconocidos para la organización, a causa de los profundos cambios culturales a los que no ha querido prestar atención. Todo le llevaría a una disminución inevitable y drástica de usuarios.

El caso lo están viviendo miles de colegios privados en Latam. Sí, aunque parezca difícil de aceptar, son empresas que con una responsabilidad social superior tienen las mismas dinámicas que otras en diferentes sectores. Sin ingresos no es viable un proyecto de tales dimensiones.

Grandes organizaciones, pero al mismo tiempo grandes “Torres de papel”, que sin mayor orientación hacia la competitividad  y el marketing están en vía de extinción frente a unos cambios que ni conocen ni quieren entender; que no son capaces de teorizar en el tiempo y para los cuales, parecieran ya no estar preparadas.

El problema estratégico no es caer en cuenta si son o no “Torres de papel” y que ante cualquier cambio en su entorno o “viento huracanado” pueden caer fácilmente; la verdadera cuestión está en saber si tienen lo que se requiere para consolidar un verdadero proyecto competitivo, donde la estrategia más osada en marketing no se trate del rediseño de un plegable, sino una verdadera cultura que les permita ser los mejores a través de un fortalecimiento continuo de su servicio educativo y de unas acciones que les permita mostrarse al mundo de forma diferente.

A manera documental, los principales rasgos característicos de estas organizaciones son: marcos estratégicos sin horizontes competitivos (Visión que no propone un reto estratégico futuro); poca o nula articulación entre su Visión con los planes de trabajo de su Capital Humano; falta de planificación a través de un Plan de Desarrollo traducido en tiempos y objetivos hacia la visión por alcanzar y carencias totales o parciales de políticas hacia la competitividad y planes de Marketing

Pensar diferente, actuar diferente; pensar en grande

Ahora no se trata de ser diferentes por ser diferentes. Se trata de plantearnos la posibilidad de, por qué no, revolucionar sana y estratégicamente un sector dormido y soso -como a veces parece el educativo- replanteando nuestras  formas, sin dejar de lado la mística propia que la educación tiene.

Sin embargo, para ello, en este caso específico de la educación privada en básica y media,  se requiere un directivo capaz y que, aunque parezca obvio, sea líder. Sólo un verdadero liderazgo puede reorientar una “nave” en mal curso.  Una persona que tenga presente que un colegio no son sus instalaciones, ni sus certificaciones, ni mucho menos sus procesos. Un colegio son sus niños; sin éstos no hay PEI.

El líder de la nueva organización educativa

Frente a estas grandes “Torres de papel” se requieren, ante todo, verdaderos estrategas; No simplemente buenos profesores de los que esperamos ingenuamente implementen lo que los hizo buenos en el aula en frente de una organización, desconociendo que son dinámicas y exigencias diferentes. O en otros casos aún menos esperanzadores, personas que nunca han tenido experiencia en el sector educativo o directivos que superan los 15 años como rectores y quieren guiar estas organizaciones pensando que seguimos en los 80 y 90 del siglo pasado –Los hay. Y no son pocos-.

Si lo que queremos para no perder esa mística educativa de la que tanto hablamos, sí que  tendremos que capacitar en otros saberes a esta persona directiva y fortalecer su perfil. Como es normal y hay que hacerlo con cualquier otro profesional que se enfrente a un nuevo puesto de trabajo en cualquier sector. Sí, requerimos un conocedor profundo de las teorías y prácticas pedagógicas contemporáneas, pero también una persona que sepa de Gestión y emprendimiento; capaz de entender la realidad misma de la institución, así como sus coyunturas y ciclos de vida en el mercado. Carismático, relacionista público por excelencia y buen negociador.

Debe saber diferenciar en qué aspectos la organización realmente necesita invertir de acuerdo a su realidad estratégica, y no dejarse llevar por las “modas comerciales” del sector educativo que ha hecho que inviertan tanto en cosas que dan tan poco frente a su única realidad tangible: menos estudiantes.

Así, sin más ni más, un directivo que se rodee bien a nivel de personas; que entienda que la organización educativa antes de enseñar debe aprender a educarse para transformarse y que en plena Sociedad del Conocimiento éste plantea cambio constante, innovación real.

Las grandes Marcas tienen una característica que las une: ofrecen una experiencia diferente al consumidor. Bajo esta premisa, el nuevo directivo sabrá que para ser líder en tiempos modernos en el sector educativo deberá ser valiente y audaz porque para hacer eficientes y realmente competitivas a las “Torres de papel” deberá cambiar toda una forma de  interactuar con el mundo y reinventar, por qué no,  este tipo de organización educativa.