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Por: Roy Rodríguez y Patricia Caraballo

En los últimos años el mundo organizacional ha sido objeto de grandes cambios, tendientes a la prevalencia de las llamadas “habilidades blandas” como foco central en la formación de los profesionales del futuro, en dónde sin dejar de ser importante la titulación técnica hay ciertas capacidades que deben ser desarrolladas, como la empatía, la flexibilidad, la resiliencia, la creatividad, el trabajo en equipo, entre otras.

Tanto es el impacto de estas nuevas variables que tras un esfuerzo académico de investigación entre la Universidad de Harvard, la Fundación Carnegie y el Stanford Research Center se ha concluido que el 85% del éxito de una persona depende de las habilidades blandas, mientras que las habilidades duras son las responsables solo del 15% restante.

Debido a la gran importancia de estas habilidades, las mismas deben comenzar a fomentarse desde temprana edad, lo que trae a colación, en primer lugar, la esfera familiar, en dónde se crean los cimientos que ayudarán a los niños a desenvolverse de forma positiva en los diferentes entornos que enfrentarán a lo largo de su vida; pero, en segundo lugar, la escuela, que es donde los niños y niñas conviven más de la mitad de sus vidas.

Así, los centros educativos deben prepararse para este reto, salir de la línea tradicional en dónde únicamente se enfocan en impartir conocimientos técnicos y convertirse en potencializadores que impulsen a los niños y jóvenes a desarrollar su capacidad de relacionamiento, iniciando desde la construcción de auto confianza, desarrollando habilidades de comunicación y así comenzar a crear esa base sólida que requieren los líderes del futuro. De esta manera, como sector educativo panameño, debemos fortalecer nuestras mallas curriculares con talleres de liderazgo y de comunicación asertiva, con la finalidad de proveerles a sus estudiantes un desarrollo integral, apoyándose en las herramientas tecnológicas con las que contamos en la actualidad.

Los centros educativos se encuentran con el gran reto de revolucionar los procesos de enseñanza existentes, marcando así nuevos senderos para el desarrollo humano.