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  Por: Patricia Caraballo

A propósito de las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el próximo domingo 5 de mayo de 2019 en nuestro país, es de suma importancia traer a colación cuáles son los desafíos que debe afrontar el próximo Presidente en materia educativa, en procura de optimizar el sistema educativo nacional y fortalecer con ello unos niveles de acceso a educación de calidad que nos orienten hacia un sostenido desarrollo humano en la región.

Y es que a pesar de que en los últimos años la educación en Panamá ha tenido algunos avances que permiten aumentar las cifras de acceso a diferentes niveles; así como el fortalecimiento de elementos sustanciales como el bilingüismo –al tiempo que se cuida el aprendizaje de la lengua materna en comarcas indígenas-, la educación multigrado, Tele-básicas y escuelas nocturnas –entre otras líneas de trabajo-, la realidad es que hoy en día existen grandes desafíos por superar en el sistema educativo panameño para  lograr elevar los estándares de calidad existentes, haciéndola más competitiva.

En torno a esto, el pasado 21 de marzo 7 de los candidatos presidenciales firmaron el Compromiso Nacional por la Educación, mediante el cual se procura establecer una línea de desarrollo común sin importar cuál de ellos sea nombrado como nuevo Presidente de la República. Algunos de los desafíos contenidos en este documento fueron:

  • Reducir las brechas en los niveles de calidad en la educación entre:
  • Educación pública y particular.
  • Áreas urbanas y rurales.
  • Provincias y comarcas.

 

  • Asegurar que todos los niños, niñas y adolescentes terminen la enseñanza primaria y secundaria gratuita, equitativa y de calidad en particular, atendiendo a:
  • Primera infancia.
  • Personas con discapacidad.
  • Poblaciones originarias.

 

  • Eliminar las disparidades en el acceso a la educación con respecto a género y niñez en situación de vulnerabilidad.

 

  • Mejorar la infraestructura educativa eliminando paulatinamente las escuelas rancho y las escuelas multigrados.

 

  • Contar con un cuerpo docente capacitado y motivado para hacer frente a los retos educativos del siglo XXI.

 

  • Modernizar la estructura y la gestión administrativa del Ministerio de Educación.

 

  • Asegurar que los estudiantes adquieran conocimientos, habilidades, actitudes, destrezas y competencias que permitirán su inserción en el mercado laboral y en la sociedad del siglo XXI.

 

  • Impulsar una política de Estado en materia de educación, robusta y sostenible a mediano y largo plazo tomando como base los programas exitosos.

 

Atendiendo estos desafíos, es primordial que el nuevo equipo de gobierno establezca dentro de sus prioridades el desarrollo de políticas públicas de Estado –esto es, estables y proyectadas – y la co-  creación de un Plan Operativo con fases a corto, mediano y largo plazo tendientes a superar estos retos, siendo crucial la continuidad de los Programas Educativos en la transición de un cambio de Gobierno. Precisamente ha sido éste el gran obstáculo en los últimos años, ya que con la finalización de un período presidencial, los proyectos educativos quedan rezagados y pierden vigencia, obstaculizando el logro de los objetivos para los cuáles fueron concebidos.

 

La invitación es que tracemos las líneas de desarrollo para la educación desde una perspectiva de Estado, más allá de partidos y corrientes políticas particulares; superando personalismos y particularidades sin sentido. Proyectémonos hacia la Panamá que podemos ser desde el elemento más básico y a la vez de mayor impacto e importancia como Nación: la educación.